EL CUERPO DE LA ORACIÓN.

Como es toda la persona que ora, oramos con el cuerpo también.

Por eso es necesario hacer un mínimo de relajación, para volvernos del todo apertura y acogida, para despojarnos de todo lo que nos impide encontrarnos con Él: tensiones, preocupaciones, sueño, cansancio, etc.

Antes de la oración:

  • Tensa y afloja los músculos, estíralos lo más que puedas.
  • Toma una posición corporal correcta, asegura una buena respiración, suelta recuerdos e imágenes; si tienes alguna preocupación: nómbrala y ponla ante el Señor , haz silencio. Ayuda mucho cerrar los ojos en este momento.
  • Concéntrate: repite el nombre de Jesús, mira una imagen de Jesús. Si estás en una Iglesia o en la capilla mira el crucifijo o el sagrario.
  • Ponte en la presencia de Dios e invoca al Espíritu Santo.

MODOS DE ORACIÓN:

  • Petición: Es la oración que más espontáneamente nos brota cuando nos acercamos a orar. ¿Cómo no pedir a Dios si para Él nada es imposible? Pedir es fácil y difícil. Cuando pedimos nos reconocemos pobres, necesitados y eso a veces nos cuesta. Sólo pedimos algo a quien sabemos nos quiere.
  • Alabanza: Esta oración es mucho más gratuita; ya no somos nosotros el centro sino Dios. Por medio de este modo de oración, reconocemos la acción de Dios en nosotros, en los demás, en la historia, en la naturaleza, lo descubrimos Creador, Todopoderoso, Bondad y Misericordia infinitas...
  • Acción de gracias: Tenemos tantos motivos para dar gracias. Lo miramos a Él, le bendecimos a Él. Dar gracias a Dios es señal de que nuestra oración va madurando.
  • Intercesión: Este modo de oración es más solidario y comprometido,nos hace hermanos unos de otros. Se trata de traer a la oración a las personas que queremos, a las que sufren, a las que no nos caen bien.
  • Perdón: Es también una oración de petición. En muchos momentos necesitamos reconocer ante el Señor nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestro pecado.
  • Bendición: Se trata de decir, desear, pedir cosas buenas para los demás e incluso manifestárselo: "Yavé te bendiga y te guarde, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda lo que pides, vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz."(Num. 6)

Todos estos modos de oración son para llegar al acto supremo de la oración que es la adoración: expresión consciente y, al al vez, espontánea de la relación del ser humano que se siente impresionado por la proximidad de Dios y ante el cual vemos, con mayor claridad, nuestra miseria y pecado. Provoca el silencio como lenguaje del amor, de admiración, deseo, acogida.