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el Evangelio de San Juan, 9, 1-7. El ciego de nacimiento.
Deja
que el Señor te interpele y confronte, que ilumine tu ceguera.
- Te
presentamos nuestros ojos miopes para que los cures de su miopía
y te sepamos distinguir cuando tú estás hambriento, sediento
o necesitado.
- Te
presentamos nuestros ojos endurecidos para que los transformes en ojos
emocionados y capaces de llorar.
- Te
presentamos nuestros ojos inquietos y dudosos, que no distinguen bien
el camino a seguir, para que tu Luz ilumine nuestro caminar.
- Te
presentamos nuestros ojos cansados de ver, que ya no alcanzan a distinguir
bien las cosas y personas, para que vean con claridad de amor.
- Te
presentamos nuestros ojos ciegos que no pueden mirar, para que pongas
tumano y volvamos a ver la ilusión, el cariño, la comprensión.
- Te
presentamos los ojos que quieren y no pueden ver y los que ven lo que
no deben, los que tienen la mirada turbia y los que ven con sencillez,
los que siendo ciegos, ven con claridad y los que teniendo ojos no quieran
mirar.
- Te
presentamos la transparencia de los ojos de los niños.
- Te
presentamos los ojos llenos de ira que hieren.
- Los
ojos que enturbian el alma y manchan su mirada.
- Los
ojos que siempre ven con cariño y velando no descansan.
- Los
ojos que miran el horizonte sin esperanza.
- Los
ojos alegres que saben descubrir lo bueno.
- Los
ojos llenos de lágrimas de los que sufren.
- Los
ojos que se cierran en el rezo, para encontrarse con los tuyos.
Danos
tus ojos, Señor, tu mirada... pon saliva y barro en mis ojos y
dime que vea. Abre Señor nuestros ojos para verte y nuestro corazón
para amarte en nuestros hermanos y hermanas. Llénalos de tu luz
para ver las cosas y a las personas como Tú las ves.
Sería
bueno que como compromiso de esta oración, después de reconocer
tu ceguera pidieras perdón a tus hermanos y hermanas o te acercaras
al Sacramento de la Reconciliación. |