III. AUTOESTIMA

Es muy femenino tener un cofrecito personal para guardar nuestros tesoros en él. A las mujeres nos gustan las joyas y las piedras preciosas y, si no las podemos tener auténticas, nos conformamos con algunas parecidas o de fantasía fina, y si no podemos ni esto, buscamos baratijas para completar nuestro atuendo.

No hay imagen más adecuada para hablar de la autoestima que un cofre con joyas.

Quererse a sí mismo es saberse dueño de un cofre con tesoros dentro, lleno de alhajas auténticas, que nos dan valor personal.

Reconocer nuestra riqueza

Se cuenta que en cierta ocasión, un caballero acercándose a Teresa de Jesús le dijo: Madre, me han dicho de vos que sois hermosa, in teligen te y san ta. ¿Qué decís de eso? Teresa contestó: En cuan to a hermosa, a la vista está, en cuanto a inteligente, nunca me tuve por tonta; en cuanto a santa, el tiempo lo dirá...

El triple piropo resultó veraz y hasta se quedó corto. En cuerpo y alma Teresa era mujer delicada, sensible, generosa, sacrificada, amable, servicial, lúcida y culta, profundamente religiosa y a su vez, práctica, enérgica, tenaz, fuerte, magnánima.

La historia conservó el comentario que Teresa de Jesús hizo a fray Juan de la Miseria cuando éste le presentó su retrato. Dicen que Teresa se quedó boquiabierta y como era tan clara y expresiva le dijo: "Dios te perdone fray Juan, ¡qué fea y legañosa me pintastes!". No sabemos precisamente qué significado le da legañosa, pero realmente la pintura deja mucho que desear.

Sentirnos amables, sabernos valiosos...

Autoestima es el conjunto de ideas, percepciones e imágenes que una persona tiene de sí misma en términos valorativos; es como la calificación que cada uno se da a sí

Es un proceso que se inicia con el nacimiento y termina con la propia muerte. El cariño y respeto hacia uno mismo depende, entre otros factores, de sentirse digno de ser querido y saberse valioso.

La manera como la persona aprende a mirarse y a evaluarse es una repetición de como fuimos mirados y evaluados en la infancia. El nombre propio nos puede facilitar el descubrirnos diferentes a los otros, únicos en el mundo.

Se conoce que alguien se autoestima cuando tiene:

  • Seguridad y confianza en sí mismo
  • Aceptación de límites y capacidades Contento y gozo
  • Optimismo realista

Me sentía la más querida de mi padre

En su infancia, la experiencia humana más fuerte de Teresa es "sentirse la más querida". Se le escapa varias veces la expresión y lo hace refiriéndose a su padre, a sus hermanos, a sus amigos. En la adolescencia siente el deseo de contentar y verse bien. Es un modo muy femenino de hacerse presente al sexo opuesto, en el momento que toma conciencia de su cuerpo como instrumento de comunicación. Se ve bien, le gusta estar en su grupo de amigos. Tiene un buen recuerdo de este momento. Lo refiere con su espontaneidad característica: "Comencé a entender las gracias de naturaleza que el Señor me había dado, que según me decían eran muchas" (V. 1,9) Es fácil imaginarla hoy "al natural" de cara lavada y jeans...

En la juventud, Teresa como toda mujer inteligente conoce sus limitaciones y capacidades y obra en consecuencia. Nos confiesa que "tenía maña y diligencia para el mal, curiosidad y vanidad" (VIM 7) Pero también goza intensamente con los dones que siente que el Señor le ha dado.

Veo claro la misericordia que el Señor hizo conmigo...

Su madurez está marcada por la conversión ante un Cristo llagado, que la remueve por dentro de tal manera, que nace una nueva Teresa: "Me parece me aprovechó más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda nú confianza en Dios" (V9,3) Su experiencia la sintetiza diciendo: "Veo claro la gran misericordia que el Señor hizo conmigo" (V 8,2) "Mientras mayor mal, más resplandece el gran bien de vuestras misericordias ¡Y con cuánta razón las puedo yo para siempre cantar!" (V. 14,10) Así titula el libro de su vida: Libro de las Misericordias del Señor.

Autoestima para ella es quitar el pensamiento de nuestra miseria lo más que podamos y ponerlo en la misericordia de Dios (V 39,3) También expresa este concepto con la siguiente frase: "¿Cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible tener ánimo para cosas grandes quien no entiende que está favorecido de Dios... quien no tiene alguna joya de lo de allá puede tener fortaleza" (V 10,6)

A la Santa le encanta hablar de joyas, quizá las tuvo antes de entrar al convento, su familia era rica: "Dará su Majesta joyas a quien luzca y aproveche con ellas para sí y para los demás" (V. 10,6) "¿Qué esposa hay que recibiendo muchas joyas de valor de su esposo, no le dé síquiera una sortija?" (C.23,2) "La manera de abrir el relicario (cofre) sólo la sabe la dueña de la joya" (VIM9,2,) "No pierda yo, Señor mío, joya tan preciosa" (Ex XIV 2)

A Teresa le gusta su nombre, se identifica con él. En una carta al padre general de la Orden le dice: "Cuando estemos delante de Dios, verá vuestra señoría lo que debe a su hija verdadera Teresa de Jesús" (Cta. feb. 1576) En otra ocasión pone su nombre en labios del mismo Dios que le dice: "Ahora, Teresa, ten fuerte" (F. 31,26)

Somos desde la mirada del otro

A Teresa le tocó vivir rodeada de hombres a pesar de ser una monja de clausura y estar consagrada a Dios. A causa de su experiencia de oración se vio en la necesidad de tratar con una serie de sacerdotes, confesores y santos; como fundadora también tuvo que tratar con obispos, provinciales, generales, bienhechores, mercaderes, arrieros, mensajeros y hasta reyes. En fin, fue la primera mujer que fundó en la Iglesia una Orden de frailes.

Fueron precisamente los hombres quienes más la ayudaron en todo lo que quería y como lo quería. Ellos la respetaron, admiraron y sirvieron. Teresa de Jesús aprendió a mirar los valores de los otros y a dejarse mirar para sentirse valorada. Tuvo en alta estima la relación, la amistad, el conocimiento propio.

Invertir en lo que no se devalúa...

La palabra autoestima como tal, no existe en el diccionario teresiano. Pero la experiencia de Teresa tiene todos los elementos que la forman. Sin saberlo, es una precursora de la dignidad y valoración de la persona. Tus joyas interiores son tus valores... ¡Vale la pena invertir en lo que dura para siempre!

Reflexionando...

  1. ¿Cómo te defines a ti misma? ¿Qué enfatizas?
  2. ¿Qué tanto te quieres?
  3. ¿Puedes definir qué tan a gusto estás contigo misma?